CHARADA
Sobre una suave elevación se concentra ahora una aldea perdida en el tiempo de escurridizas calles empedradas y opacas como sus habitantes hacia la que dos caminos desiguales ascienden casi en paralelo tensando el extenso paisaje de delante desde el que contemplamos a un lado el camino de la derecha algo mas en alto abriéndose paso entre las tierras cultivadas y al otro el de la izquierda serpenteando a lo largo de apacibles hondonadas transitado por la mayoría de los peregrinos que vemos avanzar con regula lentitud y que sobreentendemos que se trata de peregrinos ya que a medida que los detalles se definen en la embotada inteligencia que los vislumbra la aldea pasa a convertirse en una especie de centro magnético que va tomando la apariencia de una remota abadía aunque el camino del peregrino es sin duda el otro el de la derecha en cierto modo un atajo que podemos recorrer con la vista como si se tratara de una perspectiva dibujada sobre un plano donde ya no existe realmente la profundidad que separa lo de cerca y lo de lejos así que finalmente podría tratarse mas que de un verdadero paisaje de un apunte o una serie de apuntes de algún anónimo paisajista que puestos uno tras otro creasen una ilusión de tridimensionalidad en cualquier caso nos mantenemos fieles al recorrido que nos va revelando este segundo camino hasta llegar al sinuoso paso que sirve de entrada al bosque antiguo cruzándonos esporádicamente con algunos de sus fantasmales habitantes y comprobando que a medida que el recorrido va encontrando su destino el bosque crece y se transforma bajo nuestros pasos y que esa metamorfosis parece producirse como un crecimiento orgánico semejante al del cuerpo de una lombriz que por momentos se contrae o se estira aunque al mismo tiempo todas estas impresiones tan físicas de pronto no son otra cosa que una rápida culebra que se escabulle igualmente notamos como si nuestro propio deambular fuese la causa última de todos estos cambios ya que ni siquiera Tere -tan cabal- ha comprendido que aquello que impulsa y sostiene sus obras obedece al mismo principio que en otro tiempo provocó su extravío en cierta ancestral montaña de Colombia.
Recuerda que no hay solución.
VICTOR BORREGO NADAL
|